¿Buena o mala venta?
- Marta Sánchez

- 26 nov 2025
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 27 nov 2025

La posible venta del Sevilla Fútbol Club ya no es un rumor ni un movimiento silencioso entre accionistas, es un proceso que avanza con paso firme. Hay ofertas que superan los 3.000 euros por acción y un fondo americano que está dispuesto a inyectar más de 500 millones de euros para recomponer un club marcado por los conflictos internos y la inestabilidad institucional.
Durante años, el club ha estado atrapado en una guerra de poder que, además de dividir a las grandes familias sevillistas, ha agotado la paciencia de sus aficionados. Las desigualdades y confrontaciones entre Del Nido padre y Del Nido hijo han dejado de ser un asunto privado para convertirse en una batalla pública que condiciona el presente y futuro de la entidad. Ahora, esa disputa se ha reavivado con la posible llegada de un nuevo propietario.
La llegada de los compradores extranjeros se presenta como una solución rápida, algunos dirían que salvadora. Se habla de poner el club a cero, es decir, de eliminar la deuda, de modernizar las estructuras, como llevar a cabo la construcción de un nuevo estadio, e incluso, de iniciar un nuevo proyecto. Sin embargo, lo que está en juego no es quién dirige el Sevilla FC, sino qué modelo de club se quiere construir, si uno dirigido desde la propia ciudad o uno con las oficinas en Estados Unidos.
La llamada ‘Tercera Vía’, liderada por Lappí y Quintero, todavía se mantiene en la puja. A pesar de no tener la fuerza económica que tienen las otras ofertas, mantienen un argumento que gran parte de los aficionados comparten, el cual sería que la institución permanezca en manos sevillanas y sevillistas. En una época en la que gran parte de los clubes parecen convertirse en empresas donde obtener beneficio, mantener la identidad es un acto de valentía.

La deuda, la cual oscila entre los 70 y más de 200 millones, añade más preocupación. El club está necesitado de estabilidad y de decisiones claras. Por primera vez en mucho tiempo, las grandes familias que toman las decisiones en el club parecen llegar a un acuerdo, aunque este sea más por una operación económica en vez de por un sentimiento conjunto hacia el supuesto club del que son aficionados.
Esta venta, por un lado, es una grandísima oportunidad para volver a crear un proyecto deportivo competitivo, y así dejar atrás años de decepciones deportivas. Por otro lado, también existe un riesgo si se cede todo el control sin exigir un compromiso real y verdadero con el propio club y sus aficionados, quienes son un motor fundamental.
Si la venta finalmente se produce, la alegría no solo será económica, sino también pasional, ya que se habría acabado el calvario que está sufriendo la afición sevillista, tanto deportiva como económicamente.



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