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La Sevilla del futuro corre por el casco antiguo

Actualizado: 3 nov 2025


Línea de meta Carrera, Plaza de la Encarnación                                                                 Fotografía: Viva Sevilla
Línea de meta Carrera, Plaza de la Encarnación Fotografía: Viva Sevilla

DG

29/10/2025



Puede que el futuro del deporte español no esté en los estadios. El 19 de octubre de 2025, Sevilla lo dejó claro en la Carrera Casco Antiguo CaixaBank. Las calles del centro se llenaron de gente dispuesta a vivir el deporte de otra manera. Desde la Avenida de Torneo hasta la Plaza de la Encarnación, la ciudad se convirtió en un escenario de esfuerzo compartido. En las aceras, las familias animaban y los turistas levantaban sus móviles para fotografiar el momento. En el asfalto los corredores jóvenes y veteranos avanzaban juntos hacia la misma línea de meta.


Cada domingo hay más zapatillas que abonos y más corredores que espectadores. Lo que antes era un ritual de grada, cerveza y pipas se ha convertido en un encuentro con uno mismo, con la ciudad y con los demás.


Durante años, el fútbol monopolizó las conversaciones deportivas, ocupando titulares, debates y tertulias improvisadas en las barras de los bares. Pero eso está cambiando. En Sevilla los domingos ya no huelen solo a césped y bocadillo, sino a zapatillas recién atadas y café antes de salir a correr.


Correr tiene algo muy humano. No necesita grandes recursos, basta con solo el deseo de moverse. Tal vez ahí resida su reciente apogeo, en su sencillez. Correr nos iguala y nos da una sensación de libertad y pertenencia que pocos deportes y experiencias son capaces de ofrecer.


No sorprende que las carreras populares, las maratones y el atletismo ganen cada vez más espacio y aficionados. Cuando en Sevilla alguien ve a María Pérez o a Paul McGrath cruzar la meta siente algo distinto. No los admira desde la distancia, los comprende porque también él o ella sabe lo que es llegar al final. 

El deporte se está volviendo más íntimo. Ya no vive solo en los estadios, sino en las calles, en los parques y en los cuerpos que se mueven por puro placer.


En Sevilla, el balón sigue rodando. Pero, mientras tanto, la ciudad corre.



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